Nuestros ancestros vieron un fantasmal estallido de luz procedente del centro de la Vía Láctea


Los australopitecos probablemente presenciaron los efectos de una gigantesca explosión ocurrida en el agujero negro supermasivo del centro de la galaxia, hace 3,5 millones de años

La vida de las personas y las civilizaciones es tan corta en comparación con la vida de las estrellas que el cielo parece eterno e inmutable. Pero no lo es. En cualquier momento entre hoy y los próximos 100.000 años, la estrella Betelgeuse desaparecerá del firmamento con una supernova que será tan brillante como una Luna llena durante varios meses. Y lo mismo es cierto al retroceder en el tiempo. Nuestros antepasados que caminaban sobre dos piernas vieron algo extraordinario en el corazón de la Vía Láctea que hoy solo podemos imaginar.

Hace unos 3,5 millones de años, Sagitario A*, el agujero negro supermasivo que se encuentra en el núcleo de la galaxia, emitió un descomunal estallido de energía que

hizo brillar el centro de la Vía Láctea con una fantasmal luz durante un millón de años y que ionizó grandes cantidades de material en la Corriente de Magallanes. En aquel momento, los australopitecos caminaban por la depresión del Afar, en el cuerno de África. Los detalles sobre lo ocurrido se han publicado recientemente en la revista «Astrophysical Journal».

«El destello fue tan poderoso que iluminó la Corriente de Magallanes –una cinta de gas que une la Vía Láctea con dos pequeñas galaxias de las afueras– como un árbol de Navidad», ha explicado en un comunicado de la NASA Andrew Fox, investigador principal del Space Telescope Science Institute, el centro de operaciones de los telescopios espaciales Hubble y James Webb, en Baltimore, Maryland (EE.UU.). «¡Fue un evento cataclísmico!».

Un cataclismo en Sagitario A*

Los datos del telescopio espacial Hubble han permitido revelar que una gran nube de hidrógeno, de 100.000 masas solares, fue engullida por Sagitario A*, causando un violento estallido de energía. Esta explosión lanzó dos conos de radiación ultravioleta hacia arriba y abajo del plano de la galaxia que generaron dos estructuras que hoy se conocen con el nombre de burbujas de Fermi.

Estas burbujas, que alcanzan una extensión de 30.000 años luz, fueron descubiertas por el telescopio espacial Fermi en 2010. Ya en 2015, el Hubble pudo medir su velocidad de expansión y su composición, revelando mucho sobre sus posibles orígenes.

Un choque galáctico

Ahora, la investigación dirigida por Andrew Fox ha permitido investigar qué otros efectos provocó este cataclismo. Según han concluido, la radiación procedente del polo sur del agujero negro «se topó» con el gas de la Corriente de Magallanes, una cinta de hidrógeno que comunica la Vía Láctea con las nubes de Magallanes, dos galaxias situadas en las afueras, a pesar de la enorme distancia a la que se encuentran.

Mientras que la Corriente de Magallanes está situada a 200.000 años luz del centro de la galaxia, el frente de las burbujas de Fermi apenas llega a los 30.000 años luz. Por eso: «Siempre pensamos que las burbujas de Fermi y la Corriente de Magallanes estaban separadas y no relacionadas», ha recordado Elaine Frazer, coautora de trabajo. «Ahora vemos que el mismo estallido desde el agujero negro central tuvo un importante papel la evolución de ambas».

La energía liberada por la explosión del agujero negro supermasivo arrancó los electrones –ionizó– una buena parte del hidrógeno que formaba parte de esta Corriente de Magallanes, suficiente como para encender 100 millones de soles. Además, generó un fantasmal brillo visibile en el cielo nocturno.

Según ha explicado Andrew Fox, «esto nos dice que diferentes regiones de la galaxia están unidas: lo que ocurre en el centro influye en lo que ocurre en la Corriente de Magallanes. Por tanto, estamos aprendiendo sobre el impacto que tienen los agujeros negros en la galaxia y su entorno», ha resumido.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de Fox se aprovechó de las capacidades del telescopio espacial Hubble para observar en rango de la radiación ultravioleta. En concreto, estudiaron la radiación procedente del núcleo de 21 galaxias situadas justo detrás de la Corriente de Magallanes, que se ionizó con la explosión de Sagitario A*. También estudiaron la radiación procedente de 10 galaxias situadas detrás del «Brazo Avanzado», otra corriente de gas que no está influida por el estallido de energía. Gracias a ese detalle, pudieron comparar ambas y descubrir evidencias de la ionización de la Corriente de Magallanes.

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