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Las próximas elecciones norteamericanas

Por Nicolás Pérez

El pasado 23 de marzo Ted Cruz dio el pistoletazo de arrancada para la carrera por la conquista de la Casa Blanca. No estoy seguro si como dice el refrán: “El que da el primero da dos veces”. Cruz es un canadiense de origen cubano, y uno de los hombres más influyentes del Tea Party, un grupo de extrema derecha lejos de una naturaleza política norteamericana centrista, lo que nos ha convertido en la nación más poderosa del mundo. Las credenciales de Ted Cruz no están basadas en propuestas de desarrollo, sino en oponerse a todo lo que defienda Barack Obama, séase el Obamacare o la reforma de inmigración.

Vaticinar que ocurrirá en noviembre del 2015 a esta altura, es ingenuo. Una noticia de última hora sacada de un sombrero de copa puede cambiar en 24 horas, todas las reglas del juego de la contienda.

Con respecto a Marco Rubio ya reservó la Torre de la Libertad para el 13 de abril y todo indica que desde ese lugar histórico para los cubanos va a anunciar su candidatura a la Oficina Oval. Con Marco tengo sentimientos encontrados, me molestan ciertas de sus posiciones de una derecha de horca y cuchillo, pero por otra parte, es solo algo mayor que mis hijos, y confieso que siento orgullo por un cubanito que ha llegado a las más altas esferas del gobierno norteamericano, lo cual le debe tenerle cocinado el hígado a Fidel Castro.

La primera vez que lo vi y escuché fue un 20 de mayo en un acto de la Fundación Nacional Cubano Americana, donde en un discurso hermoso e impecable fue interrumpido por varias ovaciones con todo el público de pie. Pero lo veo verde para llegar a la cumbre; necesita más experiencia, y es muy cierto que Marco Tulio Cicerón fue el orador más grande de todos los tiempos, pero en Roma gobernaba Pompeyo.

Tampoco veo con investidura a Chris Christie, Rand Paul o Mike Huckabee ni lo que cuelga, hay demasiados candidatos republicanos y como dijo Celia Cruz: “No hay cama para tanta gente”.

 

Observadores opinan que es negativo que Hillary sea la única candidata por el Partido Demócrata, pero una enorme ola de aspirantes del partido de Reagan puede hacer zozobrar la nave republicana, pues tantas opiniones diversas y tanta mala disimulada ambición puede convertir esas primarias en un olla de grillos, donde quien se alce con la victoria podría quedarse como en el tango argentino: “Flaco, tres cuartas de cogote y una percha en el escote, bajo la nuez”.

Opino que el candidato republicano con más posibilidades de triunfar es Jeb Bush, que aunque en muchas ocasiones ha adoptado fuertes posiciones de derecha según sople el viento, es quien representa con más propiedad la línea tradicional republicana que tiene un gran peso en las primarias. Jeb tiene experiencia y decencia, y es casi el único candidato republicano que ha apoyado la inmigración.

Muchos expertos opinan que esta elección la decide la economía. No lo creo, me inclino a pensar que será la inmigración, como en tres pasadas elecciones recientes. El voto latino en este país inclina y obliga, a pesar de su irresponsabilidad y desidia puede ser vital. En 1992 coronó a Bill Clinton con el 72% de su apoyo, el 40% sacó a George W. Bush de presidente, y en las últimas, una mayoría de hispanos le entregó el botín de la victoria a Barack Obama, aunque luego incumplió promesas.

La mayoría de los expertos piensan que este es el año de Hillary. En una reunión social en casa de Santiaguito Álvarez dos brillantes amigos me dijeron lo contrario.

No discuto que si el Partido Republicano no comete el error de destruirse en las primarias unos a otros, y en un minuto razonable, apoyan al mejor, y todos le van arriba a Hillary, puede haber sorpresas.

Los apellidos no se heredan, ni a hijos ni a esposas. Que ella esté casada con un ex presidente formidable no la hace heredar ni la inteligencia, ni la experiencia política ni el carisma de Bill Clinton.

Y Hillary tiene tela por donde cortarle sus ínfulas: es soberbia, caprichosa y todo lo que se le enfrente lo aparta de su vista de un trastazo, como el reciente caso de borrar sus e-mails personales sin encomendarse a Dios ni al diablo.

Pero los principales problemas de Hillary son dos, el primero es que ella cree “She owned”, y el segundo, que tiene en su closet a Mónica Lewinsky, que por su ambición personal le echó tierra sin inmutarse ante una infidelidad conyugal lamentable y pública. En Estados Unidos no estamos en Francia, donde las traiciones domésticas son tan aceptables como comer a la hora del desayuno pan francés.

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