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Saturday, October 23, 2021

Trabajadores de cuidados en el hogar se reúnen para pedir mejores salarios y beneficios

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HARTFORD.- A sus 65 años, Karlene Whonder trabaja 55 horas a la semana como trabajadora de atención domiciliaria para asegurarse de que ella y su esposo puedan pagar los medicamentos para sus problemas de salud.

Robin David y Terrell Williams, ambos trabajadores de atención domiciliaria, a menudo se ven presionados entre trabajar suficientes horas para llegar a fin de mes, pero no trabajan tantas horas que tienen el riesgo de perder su seguro médico Husky subsidiado por el Estado.

David y su esposo, a quien recientemente se le diagnosticó cáncer de pulmón, están siendo desalojados porque ella no puede trabajar más de 21 horas si quieren mantener su seguro médico.

Williams estuvo sin insulina durante cinco o seis semanas, lo que afectó su vista.

“Estoy atrapado en el sistema en el que necesito ganar dinero, pero te penalizan por lo que haces. Es un ciclo en el que puedes quedarte atascado y no sé cómo salir de él”, expresó Williams. ”

Williams trabaja 74 horas a la semana para tres clientes.

El trío estaba entre varias docenas de trabajadores del New England Health Care Workers Union, SEIU District 1199, que se manifestaron en el Capitolio, el jueves pasado, para que el gobernador Ned Lamont volviera a la mesa de negociaciones para negociar aumentos salariales, atención médica y un camino hacia la jubilación.

Hay 10 mil Personal Care Assistance (PCA) que atienden a 6 mil clientes en todo el Estado.

Gritando “Lamont, nuestro futuro está en sus manos”, docenas de trabajadores de atención domiciliaria contaron sus historias de elegir entre llegar a fin de mes y la atención médica debido a la falta de pago y beneficios.

La fuerza laboral está compuesta en un 80% por mujeres, la mayoría son personas de color, comentó Diedre Murch, directora de atención domiciliaria y vicepresidente del sindicato.

El sindicato sostiene que el Estado recibió 240 millones de dólares para programas de atención basados ​​en la comunidad a través de la American Rescue Plan Act que pueden utilizarse para reforzar los salarios y beneficios de los trabajadores de atención domiciliaria que están luchando.

Su contrato expiró el 30 de junio, pero no se han llevado a cabo negociaciones desde ese mes, comentó Murch.

La mayoría de los trabajadores de atención domiciliaria ganan 16.25 dólares la hora, indicó Murch.

Deben pagar el seguro médico o ganar menos de las pautas de ingresos para recibir el seguro médico estatal, agregó. No hay días libres pagados ni camino hacia la jubilación para personas como Whonder, David y Williams.

“Tienen que limitar sus horas para recibir atención médica, pero no puede pagar el alquiler, las facturas o poner comida en la mesa, esta es una historia muy común entre los trabajadores de atención domiciliaria. La gente está tirando los dados sin atención médica para llegar a fin de mes”, añadió Murch.

El sindicato quiere que los trabajadores de atención domiciliaria reciban los mismos aumentos salariales y de beneficios que los trabajadores de enfermería y hogares grupales, precisó.

Pero las conversaciones se han estancado y, a diferencia de los trabajadores de enfermería y los trabajadores a domicilio grupal, los trabajadores de atención domiciliaria no pueden hacer huelga, ya que no existe un sistema de respaldo para atender a sus clientes médicamente frágiles.

Su único recurso es organizar acciones como la manifestación del jueves pasado para que Lamont y otros residentes del Estado sean conscientes de su difícil situación.

Lamont estaba llevando a cabo una conferencia de prensa sobre los esfuerzos del Estado para combatir el COVID-19 mientras se realizaba el mitin de atención domiciliaria.

Fueron llamados esenciales hace un año y siguieron trabajando para mantener seguros a sus clientes, comentó el senador estatal Matt Lesser, demócrata de Middletown.

“Por ser trabajadores esenciales merecen un contrato justo y un salario justo. . Tenemos el dinero, deberíamos arreglarlo”, añadió Lesser

María Soto tuvo dos trabajos, uno como trabajadora de cuidado en el hogar y otro como conductora de autobús escolar, hasta abril, cuando contrajo el COVID-19.

Todavía está sin trabajo como conductora de autobús, ya que no ha recibido autorización médica para regresar, finalizó Soto.

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