|
Ya es de todos sabido que el pre-candidato
demócrata, Barack Obama ha superado – al menos al cierre de esta edición - en
delegados electorales a su copartidaria, Hillary Clinton, y que por tal razón
es muy posible que para noviembre se convierta en el candidato del Partido
Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, y finalmente alcance la Casa
Blanca.
Sólo que hay una salvedad, que es bueno que tengamos en cuenta, o mejor,
que recordemos, por el hecho de ser Obama una persona nueva y más bien
desconocida a nivel nacional. Pero sobre
todo, por carecer de una trayectoria político-administrativa que le inspire más
confianza a la población electoral.
Lo que
dijimos anteriormente lo hacemos más bien con el fin de irrigar un poquito de
claridad en el ambiente político que estamos viviendo. De ninguna manera nos
anima el explícito fin de sumarnos a la mala y soterrada propaganda que anda
por ahí circulando en contra del ilustre senador negro de quien ya se escucha
una sarta de difamaciones no solamente por su origen étnico, sino por la religión
musulmana que trató de inculcarle su padrastro cuando él fue un niño. Algo que él
ya ha explicado hasta la saciedad.
Lo
que realmente queremos decir es que si el senador Obama resulta finalmente
elegido candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, e inclusive si llega
a ser el Presidente de este país, debemos elevar muchas oraciones para que se
convierta en la excepción de algunos presidentes sudamericanos que fueron
elegidos porque los electores se
encontraban cansados y frustrados de administraciones anteriores. Se dejaron
llevar por el hecho de que eran personas nuevas e inéditas, y además predicaban
cambios sociales, políticos y hasta institucionales, que favorecerían
grandemente a su país, algo que al final de cuentas resultó en un verdadero
descalabro, como lo han sido los casos del
presidente Alberto Fujimori, del Perú; y un caso más triste todavía: el del
presidente Hugo Chávez, de Venezuela, de quien tanto esperaron, especialmente
los pobres, los que ahora mismo no tienen ya qué comer, no obstante ser el
tercer país con mayor producción de petróleo en el mundo.
|