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(EFE).- Un informe sobre riesgos globales presentado en Londres por el Foro Económico Mundial de Davos advierte del peligro de una próxima recesión en EEUU, a la vez que aboga por aunar esfuerzos para reducir la vulnerabilidad de los países a eventuales crisis internacionales o desastres naturales.
El documento, titulado "Riesgos Globales 2008" servirá de
tema de discusión en la reunión que celebrará este mes en Davos (Suiza)
el Foro Económico Mundial (WEF, sus siglas en inglés).En el estudio han
colaborado Citigrup, Marsh & McLennan Companies, Swiss Re, The
Wharton School Risk Center y Zurich Financial Services.
El
riesgo que afronta el sistema financiero mundial es el más inmediato y
el más grave desde el punto de vista de su costo económico, señala el
documento, que no descarta la posibilidad de una recesión en Estados
Unidos en los doce próximos meses.
Hay división de opiniones
entre los economistas sobre si el crecimiento de la demanda interna de
las economías asiáticas puede hacer de motor a escala global,
reemplazando así en ese papel no sólo a Estados Unidos, sino también a
Europa.
Por lo que se refiere a los países europeos, el informe
apunta que en Bretaña el destacado papel de su sector financiero le
hace particularmente vulnerable a todo tipo de turbulencias mientras
que los grandes déficit por cuenta corriente de algunas economías de la
Europa central y del Este pueden ser cada vez más difíciles de sostener
en el 2008.
El crecimiento, basado en el sector exportador, de
otras economías europeas puede resentirse igualmente, señala el
informe, según el cual a un plazo más largo, el dólar puede verse
sometido a presiones crecientes en su papel de reserva mundial.
El Foro hace hincapié, por otro lado, en el hecho de que mientras que
la atomización del riesgo en los mercados financieros con la explosión
de los productos derivados y estructurados ha permitido una mayor
participación en la economía del riesgo y ha mejorado la
diversificación financiera, puede haber tenido como consecuencia
negativa una infravaloración sistémica del mismo.
La paradoja que se ha producido es que mientras que se ha conseguido
aumentar la eficiencia del sistema financiero en tiempos normales, ése
se ha vuelto, por el contrario, más vulnerable en época de turbulencias
a la vez que ha crecido el impacto de la inestabilidad financiera en la
economía real.
De ahí que se recomiende poner más énfasis en un nuevo modelo de riesgo
basado en el mercado allí donde las crisis financieras se manifiesten
en los mercados más que en las instituciones, lo que no significa,
afirman los autores del estudio, que haya que dejar de observar a estas
últimas.
El futuro de la seguridad alimentaria dependerá, según el informe, de
diversos factores que van desde la seguridad energética hasta el cambio
climático y la escasez hídrica, y se presenta como uno de los mayores
riesgos globales en este nuevo siglo.
El crecimiento demográfico, el cambio en los estilos de vida, el
calentamiento del planeta y el uso creciente de las cosechas como
biocombustibles hará que el mundo se enfrente a un período de precios
elevados y mayor volatilidad en el sector alimentario, lo que tendrá
graves consecuencias, sobre todo para las comunidades más vulnerables.
En el 2007, los precios de muchos alimentos básicos alcanzaron niveles
récord, y así el del maíz era a finales de año un 50 por ciento más
alto que doce meses antes, mientras que el precio del trigo se había
duplicado.
Las reservas alimentarias globales están además en su nivel más bajo
desde hace un cuarto de siglo y, como consecuencia, el suministro
mundial de alimentos es vulnerable a una crisis internacional o a un
desastre natural.
Las cadenas de suministro, que tanto han contribuido a la integración
económica de los últimos veinte años, pueden tener, sin embargo, su
talón de Aquiles, señala también el informe en referencia a la
concentración geográfica del riesgo en zonas de producción
económicamente eficientes.
Por ejemplo, en septiembre del 1999, los precios de semiconductores
casi se doblaron en todo el mundo a raíz del terremoto que sacudió
Taiwán.
Por lo que se refiere al futuro de la energía, el informe apunta que
las mayores reservas petroleras están situadas en regiones inestables
desde el punto de vista geopolítico, el gas es difícil de transportar y
muchos de sus exportadores lo consideran además moneda de canje
político, mientras que la energía nuclear sigue siendo polémica y
genera en muchos ansiedad.
Cuando las predicciones son de un incremento del 37 por ciento en la
demanda de petróleo para el año 2030 con relación a sus niveles
actuales, apenas queda margen para un abaratamiento de la energía en
los diez próximos años y la reducción de la oferta de combustibles
fósiles hará que la economía mundial sea más vulnerable al impacto de
los precios del crudo.
El estudio indica, por otro lado, que el desajuste entre los incentivos
para llevar a cabo cambios fundamentales en la economía energética
global, entre países desarrollados y en desarrollo y entre diferentes
elementos de los sectores público y privado, hacen más difícil alcanzar
soluciones globales.
De ahí la necesidad de estudiar mejor cómo están interconectados los
riesgos, cómo pueden forjarse alianzas para hacerles frente y cómo es
necesario gestionar la globalización para incrementar la eficiencia,
garantizar la equidad y gestionar un entorno global de riesgo mucho más
complejo y difícil que los que han existido hasta ahora.
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